Los podólogos recomiendan probarse siempre ambos zapatos, caminar con ellos antes de comprarlos y elegir materiales naturales y suelas flexibles

Están tan lejos de la cabeza que no se suele pensar mucho en ellos. Sí, hablamos de los pies, de los que nos acordamos solamente cuando duelen y cuya piel suele ser la más deshidratada del cuerpo. Este olvido, sin embargo, también puede repercutir en otras partes como la espalda, los tobillos, las rodillas o la cadera. Por ello, elegir bien el calzado con el que los cubrimos es vital para evitar lesiones directas tan dolorosas como esguinces, juanetes, dedos en garra, metatarsalgia, ampollas, durezas o uñas encarnadas; e indirectas, como desviación de las vértebras lumbares, deterioro de las articulaciones, hipertrofia de los gemelos o acortamiento del tendón de Aquiles.

El miembro de la Junta de Gobierno del Consejo General de Podólogos de España y presidente del Colegio de Podólogos de Cataluña, Manel Pérez Quirós, recoge una serie de recomendaciones para acertar a la hora de calzarse y preservar la salud de los 26 huesos, 33 articulaciones y 107 ligamentos que soportan nuestro peso, nos garantizan estabilidad y nos permiten desplazarnos de un lugar a otro. Para él, la principal premisa es «adaptar los zapatos a los pies y no al revés», y tener en cuenta otros factores como la frecuencia con la que se usan, la edad del usuario, la estructura de la planta o la forma de andar.

Con los niños, por ejemplo, «hay que vigilar el crecimiento y comprar zapatos que permitan el completo movimiento articular y muscular para que se puedan desarrollar todas las estructuras de sus pies, piernas y espalda», explica el podólogo. Los adolescentes, por su parte, «al estar en una etapa de grandes cambios hormonales, deben controlar la transpiración de su calzado para evitar los problemas asociados a una sudoración intensa, como hongos o mal olor». Para los adultos, el principal requisito es que haya un espacio libre de 10-20 mm entre el pie y el zapato para permitir cierta libertad de movimiento; mientras que los ancianos «deben suplementar la falta de tejido graso del pie y las deformaciones óseas derivadas del envejecimiento con suelas amortiguadoras y tejidos flexibles». También hay que recordar que la talla puede cambiar a medida que se envejece.

En todos los casos, el experto sugiere renovar el calzado cada temporada para no viciarlo y admite que utilizar unos zapatos inadecuados no es un problema «si no se abusa y se hace de forma puntual, como para una boda».

Otros consejos son: probarse siempre ambos zapatos, porque la mayoría de la gente tiene un pie más grande que el otro; caminar con ellos, asegurarse de que hay espacio suficiente entre los dedos y la puntera, elegir materiales naturales (piel, algodón, loneta) y comprobar que las suelas proporcionan una tracción firme y no resbalan.

De menos a más tacón

Pie descalzo (0 cm)

Pie descalzo (0 cm)

Está comprobado que andar descalzo es muy beneficioso porque el pie se encuentra en su confort máximo, pero hay que tener cuidado con las superficies sobre las que se camina y los obstáculos. Las personas en riesgo, como las que tienen pie diabético, es mejor que se protejan.

Zapato plano (0,5-1 cm)

Zapato plano (0,5-1 cm)

Se aconseja no abusar de ellos porque la suela es tan mínima que no amortigua ni evita el contacto con el suelo duro. Si se utilizan, lo mejor es que vayan atados al talón para evitar el riesgo de caídas y los dedos en garra. En cuanto a las chanclas, se recomienda utilizarlas solamente para trayectos cortos, como ir y volver de la piscina y nunca para largas caminatas.

Deportiva (2 cm)

Deportiva (2 cm)

Al comprarlos hay que vigilar la capacidad de transpiración de sus materiales para evitar la hiperhidrosis (sudoración excesiva) y otros problemas como las micosis (hongos). En la actualidad hay zapatillas para cada deporte. Por ejemplo, las de ‘running’ tienen mayor amortiguación y son más ligeras; las ideales para levantar pesas son aquellas que mantienen el pie cerca del suelo y priman la estabilidad; para hacer CrossFit existen unas con una tecnología específica; y para hacer Spinning se recomienda una suela muy rígida para transferir la potencia producida por la pierna y los músculos de los glúteos directamente al pedal. Las bambas no están pensadas para hacer ejercicio.

Tacón (2-12 cm)

Tacón (2-12 cm)

Se ha descubierto que un tacón de dos centímetros es equiparable a un zapato plano. Esta altura es aconsejable para personas con los pies planos, porque hace trabajar la musculatura plantar y crear un poco de puente. Más allá, el antepie cada vez soporta más peso, el hueso impacta con el suelo por una zona no preparada para ello y se pueden desarrollar patologías como el neuroma de Morton, juanetes o metatarsalgia. Es decir, si descalzos la puntera soporta un 43% del peso y el talón un 57%, con un tacón de 12 cm el antepie puede llegar a sostener hasta el 80% del peso corporal. En relación a la puntera, cuanto más estrecha sea más probabilidad de deformaciones.

Plataforma (12-18 cm)

Plataforma (12-18 cm)

Evitan el contacto con el suelo pero la rigidez de su suela no permite al pie hacer los movimientos adecuados al andar. Esto puede provocar alteraciones en la postura y en el movimiento corporal, desarrollando problemas lumbares, así como comprometer el equilibrio causar caídas o torceduras.

Bota (2-8 cm)

Bota (2-8 cm)

Ayudan a proteger contra el frío y aportan una mayor sujección al tobillo. Los riesgos de patologías aumentan cuanto mayor es su tacón. Los niños deben alternarlas con otros tipos de calzado para que su sistema esquelético y muscular no se acostumbre a ese suplemento de estabilidad extra y se desarrollen adecuadamente.

 

 

Fuente de la noticia: Periódico Hoy